Durante años hemos medido el business travel en términos de volumen: más viajes, más reservas, más actividad. Pero 2025 ha dejado algo claro: crecer ya no es suficiente. El reto está en cómo se crece y con qué finalidad.
Ha sido un buen año. El sector ha consolidado su crecimiento y ha alcanzado cierta estabilidad después de ciclos complejos. Pero esa estabilidad no significa que todo sea más fácil. Al contrario, hoy operamos en un entorno mucho más exigente.
El contexto global sigue marcando el ritmo. Las tensiones geopolíticas y la incertidumbre económica nos recuerdan constantemente que nos encontramos en un sector muy sensible a lo que ocurre fuera. A esto se suma una realidad evidente: viajar es más caro. La alta demanda y el incremento de costes, especialmente el combustible, han elevado las tarifas y han cambiado la forma en la que las empresas toman decisiones.
Hoy, cada desplazamiento se analiza más, se planifica mejor y responde a un objetivo más claro. Ya no se viaja por inercia, sino con un propósito definido. Y eso obliga a todos los actores del sector a adaptarse a un cliente mucho más exigente y estratégico en su forma de gestionar el viaje.
En este escenario, el papel de las agencias de viajes corporativas también está cambiando. Ya no se trata sólo de gestionar reservas. Cada vez más, nuestro valor está en acompañar, aportar criterio y ayudar a tomar decisiones en un entorno complejo. En definitiva, en convertirnos en una suerte de asesores.
Durante mucho tiempo, el sector ha vivido muy centrado en el volumen y en la captación constante. Hoy ese modelo empieza a quedarse corto. Las empresas no buscan proveedores que ejecuten sin más, sino partners que entiendan su negocio y aporten un valor añadido.
Desde mi experiencia, tengo claro que el futuro pasa por relaciones a largo plazo. Por construir confianza. Por dejar de pensar en operaciones aisladas y empezar a pensar en relaciones que evolucionan.
A todo esto, se suma otro factor clave: la inteligencia artificial. Se habla mucho de ella, pero la clave está en aplicarla con sentido. Automatizar lo que no aporta valor y dejar en manos de las personas aquello que realmente marca la diferencia. Ese equilibrio es el que estamos trabajando: usar la tecnología para ganar eficiencia y personas para aportar criterio y sentido común.
Si miro hacia adelante, veo un sector más exigente, pero también más interesante. Un sector donde las empresas van a pedir más acompañamiento, más estrategia y más capacidad de adaptación. Y, sobre todo, veo un cambio claro: ya no se trata de viajar más, sino de viajar mejor. Ahí es donde está realmente el reto.
Firmado por Cecilio Martell, Director de Empresas en Nautalia Business


