- En turismo, la blockchain no es una revolución inmediata ni una tecnología de adopción masiva, pero sí un instrumento con potencial en ámbitos concretos
La industria turística lleva años explorando tecnologías emergentes con la promesa de ganar eficiencia, transparencia y confianza. Inteligencia artificial, big data o automatización han ido encontrando aplicaciones progresivas y tangibles. La blockchain, en cambio, ha seguido un recorrido más irregular: grandes expectativas iniciales, una etapa de desilusión y, más recientemente, una fase de depuración conceptual. Lejos del discurso grandilocuente, el sector comienza a distinguir entre usos reales y soluciones sobredimensionadas. En turismo, la blockchain no es una revolución inmediata ni una tecnología de adopción masiva, pero sí un instrumento con potencial en ámbitos concretos como la trazabilidad, los pagos internacionales y la gestión de la confianza. Entender dónde aporta valor —y dónde no— es clave para evitar errores estratégicos.
Qué es blockchain y por qué interesó tanto al turismo
La blockchain no es una aplicación, sino una infraestructura tecnológica que permite registrar transacciones de forma distribuida, inmutable y verificable sin necesidad de un intermediario central. Su atractivo inicial para el turismo residía en tres promesas: reducir intermediación, aumentar transparencia y reforzar la confianza entre actores que no se conocen.
En un sector altamente fragmentado, con múltiples proveedores, plataformas y jurisdicciones, estas características parecían encajar de forma natural. Sin embargo, el entusiasmo inicial pasó por alto una realidad fundamental: la tecnología no elimina la complejidad del sector turístico, solo puede ordenar determinados procesos si existe un problema claro que resolver.
Trazabilidad y certificación: el caso de uso más sólido
El ámbito donde la blockchain muestra mayor coherencia es la trazabilidad. Certificaciones de sostenibilidad, origen de productos turísticos, experiencias culturales, rutas gastronómicas o compromisos medioambientales pueden registrarse de forma verificable, evitando manipulaciones y reforzando la credibilidad.
En destinos que apuestan por un turismo responsable, la blockchain puede servir como capa de confianza adicional, especialmente frente a fenómenos como el greenwashing. No se trata de que el viajero “use” blockchain, sino de que confíe en un sistema que respalda determinadas afirmaciones del destino o del proveedor.
Este uso es especialmente relevante en turismo cultural, rural y de naturaleza, donde la autenticidad y la trazabilidad del valor local forman parte central de la propuesta.
Pagos internacionales: potencial real, adopción limitada
Otro ámbito recurrente es el de los pagos. La blockchain promete transacciones internacionales más rápidas, con menores comisiones y sin intermediarios financieros tradicionales. En teoría, esto podría beneficiar tanto a empresas como a viajeros internacionales.
En la práctica, la adopción sigue siendo marginal. La volatilidad de las criptomonedas, la falta de regulación homogénea, la fiscalidad incierta y la escasa familiaridad del usuario medio actúan como frenos evidentes. Para la mayoría de los turistas, los sistemas de pago tradicionales ya ofrecen suficiente comodidad y seguridad.
Donde sí puede haber recorrido es en pagos B2B, liquidaciones entre operadores o en mercados específicos con problemas de acceso financiero. Pero pensar en la blockchain como sustituto general de los medios de pago turísticos es, hoy por hoy, poco realista.
Contratos inteligentes y reservas: eficiencia con matices
Los llamados smart contracts —contratos que se ejecutan automáticamente cuando se cumplen determinadas condiciones— han sido presentados como una solución para reservas, cancelaciones y seguros de viaje. La idea es atractiva: automatizar procesos, reducir conflictos y eliminar intermediarios.
Sin embargo, el turismo introduce variables difíciles de codificar: incidencias, excepciones, fuerza mayor, cambios de última hora o negociación humana. En este contexto, los contratos inteligentes funcionan bien en procesos muy acotados, pero pierden eficacia cuando la experiencia turística exige flexibilidad.
Más que sustituir sistemas existentes, estos contratos pueden complementar procesos internos o acuerdos entre operadores, siempre que el alcance esté bien delimitado.
Identidad digital y gestión de datos del viajero
Otro campo explorado es la gestión descentralizada de la identidad digital. En teoría, permitiría al viajero controlar sus datos personales, compartir solo la información necesaria y reducir duplicidades en check-in, embarques o registros hoteleros.
El potencial es evidente, pero la realidad es compleja. La interoperabilidad con sistemas públicos, la normativa de protección de datos y la necesidad de estándares comunes hacen que estos proyectos avancen lentamente. Además, el viajero medio no percibe aún un beneficio claro que justifique el cambio.
Artículo publicado originalmente por nexotur.com


